Este segundo vals de Chopin del Opus 64 es igual o más importante que el primero. A destacar que en este podemos apreciar algún tono de melancolía o tristeza, que hacen de él una pieza llena de emociones. Como curiosidad, Artur Rubinstein solía tocar este vals a menudo en sus conciertos. Cuando le preguntaron como podía continuar tocándolo después de 75 años, él contestó: «Es que no es el mismo, cada vez lo toco diferente.» En este caso os dejamos un vídeo de la interpretación del genial Horowitz.